martes, 22 de abril de 2008

DIARIO DE BENIDORM - 002

Dentro del cacharro ese, para enjugar nuestras lágrimas y mitigar nuestra desconsolado lamento, nos obsequiaron con una novedosa (primavera del 73) muestra del séptimo arte patrio. Espeso y Pajares, acompañados por los rollizos michelines del otrora entrañable Piraña de Verano Azul. Asistíamos atónitos al regocijo general del común vulgo, mientras nuestra masculinidad nos cegaba el entendimiento y, en consecuencia, la percepción de tan nítidas señales.

Ríos de sudor recorrían nuestras frentes (o las perlaban, como gustosamente nos explicaban nuestros esforzados profes de lengua para explicarnos las metáforas). Nuestras camisetas permitían adivinar, con sus sutiles transparencias, nuestras aviesas intenciones.

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