sábado, 20 de diciembre de 2008

"La Hora Peich. El montaje del director."



Ayer se vivió una reedición, con reglamento adaptado a las nuevas necesidades, de "La Hora Peich". Tras acalorados debates no se llegó a ninguna conclusión. El acta del encuentro:

· Antonio: una entrada de palco.
· Jose: una soltera.
· Joselón: una sobrina.
· Manolo: lesionado en el calentamiento.
· Miguel: una entrada tarde sin balón y una hermana.
· Paco: fuerte marcaje individual.

martes, 2 de septiembre de 2008

jueves, 3 de julio de 2008



El informe de los servicios médicos del Foro hace imposible la celebración del partido previsto para el 4 de julio. Pero la cena sí que se celebrará, a las 22:00 en el "Mesón Plaza", situado en la plaza que hay detrás de la Escuela Oficial de Idiomas, subiendo las escaleras.


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sábado, 10 de mayo de 2008

PRÓXIMO PARTIDO

El próximo viernes día 16, a las 19:00, en nuestro nuevo campo especial para prejubilados, tendrá lugar el próximo partido. Esperamos que esta vez se pueda celebrar el derby Mesa 8 vs Albóndiga Mecánica, aunque si es necesario recurriremos de nuevo a los jugadores franquicia para formar un nuevo equipo "Resto del Mundo".

Para luchar contra la previsible reticencia de algunos de nuestros miembros, la organización ha fichado a un famoso comecocos, especializado en la motivación de grupos, en lo que ahora se llama "team-building", que es lo mismo pero mola más. Algunos (Ito, Julio y los dos Joses seguro que sí) puede que lo recordéis. Otros no lo habéis conocido... todavía.

martes, 22 de abril de 2008

DIARIO DE BENIDORM - 002

Dentro del cacharro ese, para enjugar nuestras lágrimas y mitigar nuestra desconsolado lamento, nos obsequiaron con una novedosa (primavera del 73) muestra del séptimo arte patrio. Espeso y Pajares, acompañados por los rollizos michelines del otrora entrañable Piraña de Verano Azul. Asistíamos atónitos al regocijo general del común vulgo, mientras nuestra masculinidad nos cegaba el entendimiento y, en consecuencia, la percepción de tan nítidas señales.

Ríos de sudor recorrían nuestras frentes (o las perlaban, como gustosamente nos explicaban nuestros esforzados profes de lengua para explicarnos las metáforas). Nuestras camisetas permitían adivinar, con sus sutiles transparencias, nuestras aviesas intenciones.